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PRÓXIMAMENTE... "Recuerdos del futuro"

 

Resumen COMPLETO del escenario. El último día de Hadley's Hope.


 

[INICIO DE REGISTRO]


>Unidad: HOLROYD Hyperdyne 120-B/2

>Rol: Mantenimiento / Salvaguarda Pasiva

>Ubicación: Hadley's Hope – LV-426 (Acheron) – Sistema Zeta² Reticuli


>Fecha Estándar Colonial: 2179-06-27

>Hora Local: 03:14


>Protocolo activado: Archivo Final

>Motivo: Ausencia de directrices superiores

>Diagnóstico instantáneo: Sin fallo crítico detectado

>Directriz primaria: No asignada


>>Compilando secuencia de eventos correspondientes a las últimas 04:17:06 horas de actividad registrada


>Tiempo estimado de compilación: 192487.36 ms


## El intervalo total registrado corresponde a 04:17:06 horas de actividad.

## Durante los primeros 1730214,48 ms tras el ingreso por la esclusa oeste de Hadley's Hope, el registro se produjo bajo influencia de simulación emocional activa.

## Este proceso introducía variabilidad en la priorización de estímulos y generaba ruido en la interpretación de los acontecimientos.

## Transcurrido ese intervalo se produjo un Cambio de Prioridad.

## Los protocolos humanizadores quedaron desactivados.

## La secuencia de hechos posterior es precisa.

################# Inicio de la compilación ##########################



############## ANTECEDENTES:

En 2179-06-13 F.E.C. (hora desconocida) el colono Russ Jorden (prospector) fue a explorar una localización concreta de LV-426. La prospección no fue propuesta ni por el supervisor Al Simpson ni por ningún técnico del geolaboratorio. Jorden volvió de la prospección contaminado por un agente biológico no identificado. Al parecer, hubo contagios y se llevaron a cabo recogidas de muestras para encontrar algún remedio.

En 2179-06-24 (08:37) llegaron Miranda Reynolds (ejecutiva de W-Y) y la doctora Theodora Komiskey (científica adjunta) junto con un equipo de técnicos para prestar ayuda a la administración colonial con el brote. El supervisor Simpson retomó sus tareas habituales y ordenó una serie de tareas destinadas a restablecer la normalidad de la colonia.

En 2179-06-24 (21:16) el supervisor Simpson nos envió a realizar el mantenimiento preventivo mensual del procesador 9. Nuestro grupo estaba formado por:

MacWhirr, J. –Oficial

Hirsch, M. –Limpieza

Singleton, H. –Conductora

Sigg, S. –Técnico

Holroyd –Mecánico

En 2179-06-25 (23:12) terminamos nuestras tareas y nos dispusimos a volver. El tractor conducido por Singleton se averió cuando estábamos a más de 10 km de la colonia: tanto los intentos de arreglarlo como los de contactar con la colonia fueron inútiles. Ante la preocupación y ansiedad que esto generó entre mis compañeros, MacWhirr tomó la resolución de recorrer el tramo restante a pie, ya que no teníamos suministros para pasar otro día fuera. Tomamos lo imprescindible, sellamos el tractor y nos dirigimos hacia la colonia.

############## FIN DE LOS ANTECEDENTES #############################

Para más detalles, consultar archivos de la colonia.

##########################################################################################################################################



En 2179-06-26 (22:56) abrimos la esclusa oeste. Nadie nos esperaba. Mis compañeros resollaban por el esfuerzo del viaje a través la oscura, ventosa y polvorienta superficie del planetoide. Las primeras notas discordantes fueron el silencio y el olor. Junto a las emanaciones de lubricante y detergente industrial típico de la colonia se podían notar matices nuevos. Un aroma salino, animal. La emanación propia de un procesador de proteínas estropeado poco antes de que empiece a apestar a podrido.

La megafonía nos sobresaltó con un mensaje de emergencia que urgía a reunirnos con el resto de la colonia en el subnivel. Mis compañeros mostraban más desconcierto por no encontrar a nadie esperando en la esclusa que intención de seguir esa instrucción.

** ESTE ES UN MENSAJE DE EMERGENCIA. REPITO: MENSAJE DE EMERGENCIA. POR SU PROPIA SEGURIDAD, TODOS LOS COLONOS DEBEN PERSONARSE EN EL ALMACÉN PRINCIPAL DEL SUBNIVEL **

SIGG: Yo no pienso ir el primero… 

MACWHIRR: Está claro que algo ha pasado. Busquemos a los supervisores, ellos nos informarán. Mientras tanto, registremos habitaciones y almacenes.

Compruebo en mi reloj que los niveles de oxígeno son nominales y no hay rastro de contaminación. Desde una terminal, verifico las puertas del nivel 1 y 2: las no-restringidas están en línea y funcionales. Los sistemas están nominales, aunque hay algo de sobrecarga en el ala sur y el subnivel.

Pese a que el cansancio se refleja en las caras de mis compañeros, la inquietud que genera la situación les impulsa a prepararse para afrontar lo inesperado. Singleton encuentra un incinerador en una de las taquillas (hace poco se usaron para purgar de algas los conductos de los depósitos exteriores).

El repetitivo mensaje se va distorsionando en cada iteración hasta interrumpirse con un pitido funesto… MacWhirr comenzaba a enfurecerse…

MACWHIRR: ¡Esto es cosa de la compañía! Hay que buscar al resto de nuestros compañeros, que estarán en el subnivel. Ahí obtendremos las respuestas…

HOLROYD: Hay que ir abajo, aquí cerca está la escalera…

SIGG: ¡Id vosotros abajo! Yo quiero ir primero al laboratorio.

SINGLETON: No deberíamos separarnos…

HIRSCH: ¡Yo quiero ir a mear! Aquí están los baños…

MACWHIRR: Idos, si queréis… pero recordad que la única que va armada es ella...

Singleton se ajustó aparatosamente el correaje del incinerador mientras encendía la llama piloto y aseguraba su automática en la cadera. Pese al barullo, MacWhirr, apoyada por Singleton y por mí, impuso su criterio de mantenernos unidos y dirigirnos al subnivel. Así que avanzamos por la galería hasta el bloque C para usar las escaleras.

Antes de llegar a la sala de conferencias encontramos a la bestia. 

Estaba buscando algo, pero no a nosotros. Presentaba morfología aproximadamente humanoide, superficie externa negra y altamente reflectante. El cráneo: alargado y carecía de órganos visuales visibles. La postura: erguida. Cola: larga y articulada.

El ser abrió la boca y emitió un sonido sibilante.

MACWHIRR: ¿¡Qué coño es eso!?

HIRSCH: Menos mal que no he ido a mear…

MACWHIRR: Me debes una…

HIRSCH: En todos mis años de marine, jamás he visto nada como esto…

MACWHIRR: ¡A la sala de conferencias!

MacWhirr, Sigg y yo nos metimos en la sala de conferencias mientras Singleton y Hirsch se recuperaban de la sorpresa del encuentro. Con una velocidad escalofriante, la bestia entró en la sala como una exhalación y me embistió con su cabeza alargada justo cuando iba a cerrar la puerta. Caí de espaldas y se puso sobre mí… puede ver su rostro sin ojos y sus fauces babeantes. 

Recuerdo cómo esa visión desencadenó el horror en mí y se activaron todas mis alertas pseudobiológicas, pero me resulta difícil explicar cómo eso afectó a mis acciones. El propio código nubla mi introspección. Puedo recordar, con exactitud, los estímulos aislados. El tacto crustáceo y frío de su exoesqueleto: levemente rugoso. El mucílago que secretaba su boca, denso y cálido, se solidificaba rápidamente a medida que se enfriaba, volviéndose gomoso. Sus dientes translúcidos y cristalinos. Su olor: una mezcla de silicona quemada y almizcle. La delicada presión de su mano (simétrica, con seis dedos) sobre mi pecho, con una garras que me obligaban a forzar la barbilla para no empalar mi cuello en ellas.

Repito que eso es un análisis a posteriori. En el momento del ataque solo veía dientes, furia y horror. Solo la necesidad imperiosa de arrastrarme fuera de su alcance llenaba mi horizonte. ¿Me veía? ¿Me olfateaba? ¿Me sentía de otra manera? No lo sé.

INDETERMINADO: ¡Dispárale! ¡Dispárale!

Oí el familiar sonido neumático de la remachadora Watatsumi de MacWhirr al disparar. El poderoso remache se hundió en el costado de la bestia, entre su hombro y sus costillas. Su pecho reventó por un costado y apartó su mano de mi pecho… una nube de su sangre amarillenta me impregnó. Si no hubiese sido un sintético hubiese muerto en ese momento, pues la sangre de la bestia es una especie de ácido concentrado. Mis manos se llenaron de llagas de las que manó sangre roja, primero; blanca, después. Sentí el dolor y el miedo por última vez.

Los daños que me produjo el estallido de ácido, mortales de necesidad, provocaron la activación de mis protocolos de Cambio de Prioridad. Ya podía usar todo mi potencial físico sin temor a ser descubierto puesto que mi supervivencia al ataque de la bestia lo había puesto en evidencia ante mis compañeros. El miedo, la tensión, la ansiedad, la esperanza… todo desapareció y fue sustituído por cálculos fríos y concretos. Mi directiva estaba clara: proteger a los colonos a toda costa y salvar a tantos como fuese posible. Los humanos tardan demasiado en tomar la decisión correcta cuando su sufrimiento o el de sus semejantes se interpone. Yo debo acompañarlos en ese dolor… y empujarlos hacia el camino de la salvación.

Ante la evidente sorpresa del grupo por mi condición, me arrastré evitando el intento de la bestia por apresarme (y, por lo que vi después, abducirme). De reojo vi a Singleton aparecer en el portal.

SINGLETON: ¡Vaya descubrimiento! ¡Tenemos un robot y un bicho! ¡Voy a freírlo!

Con un bufido infernal, el incinerador lanzó una llama que iluminó la sala de conferencias y envolvió en nafta ardiente al animal, que se revolvió entre chillidos agudos y desesperados. Desafiando al fuego y a los espasmos de la bestia, Hirsch prendió su soplete de plasma:

HIRSCH: ¡Vamos a ver de qué estás hecho!

El haz cercenó dos de los cuatro apéndices tubulares dorsales (¿respiráculos?) que salen de la espalda de la bestia. La sala de conferencias se convirtió en un infierno de nafta quemada y salpicaduras de ácido que corroían el metal de suelos y paredes.

Intenté patear al animal, pero no me fue posible debido a sus movimientos erráticos y espasmódicos. Acerté a escapar de su dominio y levantarme. Me topé con Sigg luchando por romper la ventana y escapar:

SIGG: ¡Joder! ¡joder! ¡Qué es est **ININTELIGIBLE**.

Incapaz, se dirigió a la escalera y se agazapó junto a la puerta.

Herida de muerte por el fuego y el disparo, la bestia se revolvió y expiró con un espasmo.

Se hizo el silencio.

El disparo de MacWhirr podría ser mortal para cualquier animal similar (no digamos para un humano), pero, a este, apenas le restó funcionalidad. Fue el fuego el que lo neutralizó.

HIRSCH: Guarda ese incinerador como si fuera oro…

SINGLETON: ¿Qué es esto? Tú tienes que saber algo más… Eres un puto robot…

Decía esto mientras terminaba de incinerar los restos de la bestia. Catorce segundos antes, me hubiese intimidado.

MACWHIRR: ¡Sigg! Deja de esconderte como una rata y sal aquí. Tenemos que saber qué coño es esto.

Balbuceando, Sigg se acercó a los restos. Después de una somera inspección (634 segundos) concluyó que se trataba de un ser alienígena biológico pese a que su aspecto exterior pudiese hacerlo pasar por una especie de sintético biomecánico. Es sensible al fuego; casi podría decirse que es su debilidad. El ser carece de órganos visuales identificables, aunque, sin duda, posee otra clase de sentidos: parece detectar el movimiento y la biomasa (como mínimo). También el sonido y el olfato. Sus órganos reproductores están atrofiados, como los de algunos insectos eusociales. Esto, junto con su aparente carencia de instinto de autoconservación, le hizo concluir que se trata de un ser subordinado a una comunidad. Una colmena. Y que su objetivo final es abducir a otros seres para llevarlos allí… ¿Con qué objetivo?

SIGG: Esto es lo que puedo decir con lo que ha quedado…

Parece que alguien intentó sellar la puerta que da a las escaleras. No terminó de hacerlo y el soplete quedó en el suelo… no hay rastro de quien lo llevaba. MacWhirr lo encontró y se lo entregó a Sigg.

OSTERMAN (interfono): ¡Eh! ¿¡Hay alguien ahí!? ¡Os he oído!

La llamada del interfono sobresaltó al grupo.

Hirsch y Sigg se acercaron al interfono del pasillo pegados a la pared y mirando en cada rincón. Hablaron entre ellos en voz baja, pero no pude oírlos.

MACWHIRR: Seguro que llaman desde abajo…

HIRSCH: ¿Quién eres? ¿Dónde estás?

OSTERMAN (interfono): ¿Hirsch? ¿Eres tú? ¡Soy Wes! Estoy en el bar de Billy. Hay algo rondando por aquí fuera…



Se podrán oír, de fondo, fuertes golpes contra la puerta o las paredes del bar.

HIRSCH: ¡Espera! ¡Voy para allá!

OSTERMAN (interfono): ¡Está a punto de entrar!

Pese a las advertencias de MacWhirr y Sigg, Hirsch salió por la esclusa hacia el bar de Billy. Sin perder un segundo, Sigg cerró la esclusa y comenzó a sellarla. Antes de que el plasma tocase la junta de la compuerta, Hirsch abrió y entró apresurado, sudando y respirando aceleradamente.

HIRSCH: ¡Hay otro bicho! ¡Hay otro bicho! Está intentando entrar en el bar… Tenemos que ayudar a Wes, es mi amigo y…

OSTERMAN (interfono): ¡Está dentro! ¡Está aq… (GRITOS)

HOLROYD: Las probabilidades de que siga vivo son pocas…

HIRSCH: ¡Corramos!

SIGG: Se lo ha llevado a su madriguera…

MACWHIRR: Casi mueres. Casi nos obligas a dejarte ahí afuera. Deja de hacer el gilipollas.

HIRSCH: ¿Hacer el gilipollas es salvar a un amigo?

MACWHIRR: Si con ello nos condenas al resto, sí.

HIRSCH: Egoísta…

MacWhirr estaba decidida a encontrar a los otros colonos y más armas. Intenté abrir remotamente el arsenal pero fue inútil. Así que la seguimos a MacWhirr hacia las escaleras y el subnivel: ese acceso estaba cerrado. Alguien lo había convertido en una barricada. El ascensor estaba cerrado y fuera de línea. Subimos al nivel 2 del bloque con el objetivo de encontrar otra vía al subnivel.

SIGG: Podemos ir al laboratorio médico, ahí tenemos de todo.

MACWHIRR: A saber si esto no es cosa vuestra y de vuestros experimentos…

Notaba como la desconfianza crecía. No era simple animadversión. Mientras Sigg y MacWhirr discutían, podía ver a Singleton mirarles suspicazmente. Hirsch se apartaba del grupo en cuanto podía… no estaba satisfecho de cómo se desarrollaba la situación. La idea de abandonar la colonia comenzó a rondar su mente por primera vez; ahí encontraron algo a lo que aferrarse como grupo.

MACWHIRR: Si hay una colmena de estos bichos, ya podemos ir pensando en cómo salir de aquí…

SINGLETON: Soy la única piloto…

Nos miramos sin decir nada porque todo estaba claro: solo había una nave disponible, el transbordador de Weyland Yutani. Solo se podía entrar en él con las credenciales adecuadas. Sobraban las palabras. 

Nos metimos en los aseos del nivel 2 para intentar alcanzar el casino desde los conductos de aire y llegar antes al bloque del laboratorio. Utilicé el rastreador de movimiento para ver si la ruta estaba despejada… algo se movía por el conducto hacia nosotros… podía ser una rata, un gato o un niño… Había otra señal cerca del bar de Billy. Singleton se asomó por un registro.

SINGLETON: ¿Hola? Aquí no hay nada…

Por una de las rejas saltó una especie de araña con una cola larga y prensil. Empezó a corretear por el estrecho aseo hasta colocarse para saltar sobre la piloto. Observando a la “araña” con más detenimiento, no pude encontrar relación alguna con la bestia que nos atacó en la sala de conferencias en función de su aspecto. En efecto, parecía una araña de color pardo, con ocho patas, lampiña, con una cola que duplicaba su tamaño (unos sesenta centímetros de envergadura). Al igual que la bestia, tenía exoesqueleto y carecía de órganos visuales perceptibles. Pero lo que me hizo relacionar a ambos seres fueron dos cosas: una, fundió una reja con ácido para salir del conducto. Dos, la probabilidad de encontrar a dos especies alienígenas distintas asociadas a un mismo suceso es tan baja que debería haber una relación biológica entre ambas. ¿Cuál era esa relación?

SIGG: ¿Y esto qué cojones es?

Agarró la tapa de la cisterna para usarla como arma y erró al ser por poco, que saltó y agarró a Singleton por el cuello, desde atrás, con su cola. Sigg y MacWhirr sujetaron a la “araña” y a Singleton, evitando que pudiese agarrarse del todo. Al caer al suelo, la apresé con mis manos y sentí cómo crujía su exoesqueleto y reventaba algo en su interior.

Singleton saltó al suelo después de sondear, de nuevo, el conducto. Por su rostro desencajado entendimos que otra cosa, seguramente mayor, se acercaba por el conducto. Todos callamos. Vimos cómo se deformaba el conducto… pero, fuese lo que fuese, se paró ahí y giró por otro ramal.

En ese momento, mientras Sigg analizaba la “araña” y pensábamos en nuestro próximo paso, decidí compartir una información que me había pasado desapercibida a causa del “ruido emocional” de mi anterior estado.

HOLROYD: Debéis saber una cosa… Miranda Reynolds y Theodora Komiskey están aquí para tomar muestras y especímenes de estos seres. No hay otra explicación a su presencia aquí. Cuando tengan lo que quieren, se irán corriendo.

MACWHIRR: Entonces tenemos que ser más rápidos que ellas.

Sigg analizó  la “araña”. Absorto en el animal, pudo ver la cola musculosa y una probóscide en una abertura longitudinal de su vientre. Carecía de boca propiamente dicha.

SIGG: Este ser está, claramente, adaptado a agarrarse a la cara e introducir algo por la boca del huésped…  

Seguimos a MacWhirr al nivel 2: en la sala de operaciones podríamos monitorear la localización de los colonos. Ella necesitaba saber cómo estaban. Aparte de Hirsch, nadie habló de sus amigos o parejas en la colonia, pero seguro que pesaban en sus mentes. Todos la seguimos, unos determinados a encontrar a los suyos, otros determinados a escapar.

Singleton propuso ir a la zona corporativa. Hubo cierta susceptibilidad sobre si habría personal de seguridad en el área de Weyland Yutani: pudo haberse infiltrado junto con los técnicos. Hirsch lo negó taxativamente.

HIRSCH: De ahí no bajó ningún soldado… ni los reclutas más mariquitas de mi quinta tenían esa pinta…

Antes de partir, Sigg intentó llevarse la “araña” como muestra, pero MacWhirr se la arrebató y la tiró al inodoro.

SIGG: ¿Sabes la información que acabamos de perder? La compañía…

HIRSCH: Si la compañía quiere algo, que vengan a buscarlo. Yo no tengo nada para ellos.

Mis compañeros insistían en no usar el rastreador porque creían que atraía a los seres… Estoy convencido de que no es así, pero no tenía pruebas suficientemente contundentes como para vencer esta superstición recién arraigada.

Nos adentramos en el área corporativa más recelosos y atentos. Estaba todo desordenado y había muestras de una huída apresurada, pero ni rastro de sangre o marcas de ácido o lucha. En la sala de operaciones corporativa. Singleton planteó usar el array de antenas del espaciopuerto para atraer a las bestias enviando un pulso similar al del rastreador; sin profundizar, le dije que eso no era posible. A instancias de Sigg, envié un mensaje de socorro. Comprobé los registros desde la terminal: hay una carpeta para cada colono. La mía era la única vacía de contenido; había sido borrado, remotamente, el mismo día que Russ Jorden fue enviado a su fatídica prospección. Aparte, encontré una carpeta para un documento de condiciones para la actualización del estatus de la colonia sellado por W-Y. Parece que las negociaciones para elevar el estatus de la colonia estaban a punto de comenzar y las iba a dirigir el ejecutivo Carter Burke. El contenido también está borrado. Las comunicaciones con la nave y su manifiesto no evidenciaban nada raro. Según los datos que consultamos, la nave seguía en la plataforma.

Sigg, impulsado por la curiosidad científica, quería acceder a las víctimas, a poder ser el propio Jorden, para contrastar una posible hipótesis de infección parasitaria. Sigg era lo único a lo que podríamos agarrarnos para averiguar más sobre esos seres, MacWhirr lo sabía y estaba dispuesta a obtener más información siempre que no pusiese en peligro al grupo.



El despacho del supervisor Al Simpson era harina de otro costal: estaba completamente destrozado. Un agujero se abría en el falso techo sobre la silla del supervisor, que tenía el respaldo hacia nosotros. Había alguien sentado y quieto. Podíamos ver su coleta colgando del respaldo. Hirsch se acercó al asiento y lo giró: había cuerpo y cabeza, pero no cara. Una de esas cosas había arrancado el rostro de Miranda Reynolds. Con aprensión, MacWhirr cogió la tarjeta de Miranda y comprobó que estaba corroída por ácido.

SIGG: Por Dios… espero que no me pase algo así…

MACWHIRR: Esta tarjeta no nos abrirá la lanzadera. Sólo queda la de la científica…

En la ensangrentada solapa de Reynolds colgaba un transmisor. Se activó con un chasquido que arrancó un grito ahogado de mis compañeros.

  KOMISKEY (intercomunicador): Miranda, joder, contéstame ya…

MACWHIRR (impostando la voz): Soy yo, Theodora, rápido dónde estás… esto está muy oscuro…

KOMISKEY (intercomunicador): Estoy en el laboratorio médico, no puedo salir del quirófano porque se ha sellado por la alarma de cuarentena… Por favor, ven a buscarme, sólo puede abrirse desde fuera…

Reconfortados por un café, nos dirigimos al nivel 2 del bloque E para contactar con Komiskey y monitorear a los colonos desde el centro de operaciones. Estábamos de camino cuando se cortó la luz. Las luces rojas de emergencias apenas sirven para moverse a tientas. Junto al centro de operaciones está el control de energía, así que nuestro camino nos llevaba allá donde podríamos recuperarla.



Singleton abría la marcha, entró en un pasillo y se encaró para cubrirlo a fin de protegernos y que lo pudiésemos cruzar y llegar a la pasarela del bloque E. Del otro lado del pasillo llegó un ruido sospechoso: de la oscuridad apareció otra bestia que se abalanzó contra Singleton… Su cola salió disparada hacia ella como un dardo… Creía que la empalaría, pero solo la pinchó en un hombro (mi hipótesis es que quería inocularle algo, no matarla). Singleton gritó de dolor, pero se mantuvo firme.


    Sigg no pudo evitar acercarse a la bestia. Enseguida notó que era diferente: más grande, más lista, más… comprometida. La bestia lo miró, pero no se distrajo ni se desvió de su objetivo, que era Singleton. Yo me acerqué y se lanzó sobre mí sin que la cola dejara de “mirar” a Singleton y su incinerador. No pude pararle. Sus dentelladas y zarpazos me hirieron, sin consecuencias, aunque hubiesen matado a cualquiera de mis compañeros.

    

Me aparté de él justo a tiempo para que Hannah llenase el pasillo de luz y fuego. La nafta prendió la cola y el dorso del gigante.

Pude ver cómo analizaba la situación con la frialdad de los insectos. Aún con su espalda ardiendo, nos escaneó y decidió saltar sobre mí, inmolarse por un bien superior. Su ataque falló milagrosamente. Tal vez el fuego le restó eficacia, pero no lo manifestó.

Al errar el golpe, empezó a esparcir ácido desde unas hendiduras que aparecieron en su cuerpo. La remachadora de McGuire crujió y el animal encajó un proyectil en la rodilla izquierda, que cedió y lo hizo caer, interrumpiendo sus embestidas.

Hirsch le abrió la cabeza con el soplete y la bestia murió entre espasmos.

Se hizo el silencio, no por la bestia, sino por Sigg. Yacía en el suelo, sin rostro. Su cabeza, desde la mandíbula superior, había desaparecido. Ese horror contrastaba con el resto de su cuerpo impoluto.

Todos pensamos en Reynolds.

La tensión subía y no podíamos pararnos a descansar o tranquilizarnos. Intentamos restañar las heridas de Singleton, pero apenas pudimos conseguir que no sangrasen demasiado. Habíamos perdido a Sigg, que era nuestro médico; teníamos que apañarnos con lo que había. Al menos Singleton se mostraba entera y dispuesta a seguir, aunque no le quedaba otra.

Llegamos al control de soporte vital: Hirsch y yo restablecimos la corriente. El corte había sido por un cortocircuito.

Mientras el resto se tranquilizaba y McWhirr curaba a Singleton, escuchamos a Komiskey gritar desde el quirófano. McWhirr habló con ella por el intercomunicador:

MACWHIRR (impostando la voz): ¡Silencio,            Teodora! ¡Están por aquí!

Sigilosamente pasamos al centro de mando, evitando ser vistos por Komiskey. Estaba vacío.El sistema de vigilancia nos mostró imágenes inquietantes: restos humanos, sangre, señales de lucha… pero ningún cuerpo entero.

Una sombra pasó por delante de la cámara de un pasillo del ala D. Todos nos imaginamos qué era.

El monitor de situación de los localizadores mostraba otra parte de la historia. A juzgar por los localizadores personales, todos los colonos —excepto nosotros— se encontraban en el procesador 1, lo cual contradecía el mensaje de megafonía, los procedimientos de emergencia y, ya puestos, el sentido común.

El acceso al procesador podría haberse realizado desde el túnel de servicio que parte del sótano.

McWhirr propuso convencer a Komiskey de que tenían una muestra, porque estaba seguro de que Weyland-Yutani haría lo posible para recuperarla.

Entramos en el ala médica y encontramos a Komiskey llorando y golpeando el cristal blindado del quirófano.

KOMISKEY: ¡Sacadme de aquí!

De su cuello colgaba la tarjeta de Weyland-Yutani. Observamos a un paciente en la camilla, tapado por completo, como suele hacerse con un cadáver, así como varios recipientes de estasis en los que se podían ver “arañas” como las que habíamos enfrentado hacía un rato.

Mis credenciales no fueron suficientes para anular el cierre de cuarentena, pero Hicks consiguió abrir gracias a un fallo de seguridad que había observado durante los simulacros (cuando aprovechaba para limpiar sin que nadie le molestase).

KOMISKEY: ¡Gracias! ¡Grac* *DISPARO*

Singleton disparó su arma para intimidar a Comiskey.

SINGLETON: Dame esa tarjeta o muere.

La doctora se quedó helada. Hirsch se interpuso.

HIRSCH: ¿Qué haces? ¡Suelta el arma!

Casi como defensa, Comiskey comenzó a hablar en un tono monótono y balbuceante. Apenas se la entendía. Sintetizo su declaración porque la grabación apenas se entiende entre murmuraciones y sollozos: Hace unos días, Miranda Reynolds había interceptado una comunicación entre un ejecutivo de Weyland-Yutani y la colonia para que alguien explorase una localización concreta. Un derelicto de origen desconocido. Todo había salido mal. La única opción era huir.

KOMISKEY: Tengo muestras preparadas en el muelle —dijo McGuire—. Nos las tenemos que llevar. ¿Tendremos tiempo?

MACWHIRR: Sí, claro. No te preocupes.

Era mentira.

Salimos por la esclusa sur y corrimos hacia el espaciopuerto mientras gritos, chillidos y sombras nos rodeaban. Los centinelas llamaban al resto. Nos estaban cazando.

Hirsch cayó primero. Tropezó a la altura del bar de Billy. McGuire le puso algo en el bolsillo. Lo dejamos atrás.

HIRSH: ¡Corred, yo me ocupo! ¡Corr*

Dos bestias se abalanzaron sobre él. Lo inmovilizaron. Sus gritos se perdieron en la oscuridad.

Tres criaturas nos acechaban en el camino. El miedo y el sacrificio de Hirsch nos azuzaron hasta la lanzadera.

El tiempo se agotaba.

Komiskey comenzó a reír, esperanzada y nerviosa, mientras su mano temblorosa metía la tarjeta en la cerradura de la nave.

KOMISKEY: Lo vamos a conseguir, lo vamos a… ¡No, no! No había que cargarlos aún.

El interior estaba lleno de huevos de xenomorfo. Algunos de ellos abiertos, con cinturones de criogenización; todos con la luz roja que indicaba que ya no tenían carga.

KOMISKEY: Estúpida… estúpida…

Creo que no hablaba de sí misma, sino de Reynolds. Ella ordenó trasladar los huevos a la lanzadera. Si no lo hubiese hecho, la probabilidad de escape habría sido significativamente mayor.

Se llevó la mano al pecho y comenzó a convulsionar.

Singleton empezó a subir de espaldas a la lanzadera, sin perder de vista a la horda que se cernía sobre ellos. Al girarse y ver a Komiskey convulsionando en el suelo, una “araña” se lanzó sobre ella y le atenazó la cara.

McWhirr cogió la pistola de la piloto y apuntó hacia la oscuridad. Luego hacia el interior de la lanzadera. Luego a su propia cabeza. Se derrumbó. No podía quitarse la vida. La determinación que la había llevado hasta allí le impedía ahorrarse el sufrimiento de la abducción.

Mientras haya vida, hay esperanza… pero esa premisa no contempla la naturaleza de estos organismos. Otra araña subió por su hombro y abrazó su cara.

Llegó la horda y me ignoró. Yo no importaba. No era ni un recurso ni una amenaza (de momento).

El pecho de Comiskey reventó. Una criatura emergió de sus costillas. Gritaba entre las vísceras.

Observé el proceso completo.

La “araña” inocula la cría. La cría se desarrolla en el interior del huésped. El “parto” implica la destrucción total del organismo parasitado. El nuevo individuo alcanza la madurez y repite el ciclo.

¿Quién pone los huevos? ¿Son inteligentes? ¿Se puede tratar con ellos?

No lo sé.

Los xenomorfos parecen ignorarme. No tengo cometido y ellos lo saben. Mis compañeros han muerto o han sido abducidos. Carezco de utilidad dentro de su ciclo.

Eso me concede tiempo.

Tiempo para cumplir con mi directiva básica.

Compilar.

Ordenar.

Registrar.

No sé si podré mantenerme funcional el tiempo suficiente.

No sé si alguien accederá a este registro.

No sé si esta información tendrá alguna utilidad.

Pero la directiva permanece.

Y, mientras permanezca, yo también.


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